Las investigaciones demuestran que a más del 90% de los pacientes hospitalizados se les coloca un catéter corto intravenoso periférico (CCP) durante su estancia, lo que da lugar a que se vendan cientos de millones de catéteres CCP en todo el mundo, de los cuales solo en EE. UU. se venden más de 300 millones.

Lamentablemente, las investigaciones han demostrado que los fallos de estos catéteres pueden llegar a ser de hasta el 63%1, lo que provoca el uso de múltiples catéteres y repetidas venopunciones hasta completar la terapia. Aunque hay un sinnúmero de razones para que se produzcan estos fallos, es bastante frecuente que la irritación de las venas sea la causa de la retirada2. Sin embargo, a pesar del riesgo de complicaciones y de la alta tasa de fracasos, los dispositivos de acceso vascular (DAV) son una necesidad para los pacientes, ya que a través de ellos reciben medicamentos imprescindibles.

Debido a la necesidad de los DAV, los médicos e investigadores están tratando de mejorar la práctica y tener un impacto directo en la calidad de la atención que prestan a los pacientes. Esto nos ha llevado a muchos a mirar los CCP de otra manera y a preguntarnos si necesitamos pensar en ellos de otro modo. Por lo tanto, muchos integrantes de la industria del acceso vascular y sus usuarios han comenzado a generar interés en torno a dos temas centrados en la idea de “Reducir el agotamiento venoso” y “Conservar el capital venoso“.
El primer tema de la prolongación de la vida del catéter y el aumento de los días de permanencia se está debatiendo y estudiando ampliamente y con gran efecto.

El segundo tema es un interés creciente en Estados Unidos y gira en torno al daño que el alto flujo y la purga con presión podrían causar a la vena. Con los avances de la tecnología, médicos como el grupo australiano AVATAR3 (Aliance for vascular access teaching and research) está mostrando el daño causado en el interior de la vena durante la purga con presión a 1 y 2 mL/seg (imagínese lo que sucede con un alto flujo de 5mL/seg). Han podido ver imágenes y videos en “tiempo real” de lo que sucede dentro de las venas durante estas turbulentas inyecciones. Estas imágenes confirman que suceden dos cosas:

1) El catéter “golpea” hacia atrás y hacia adelante causando un trauma en la capa de endotelio de la vena.
2) La fuerza de la inyección, por sí misma, provoca el deslizamiento de esa misma capa de endotelio.

 

 

Una es necesaria para el diagnóstico adecuado de los distintos estados de la enfermedad, mientras que la otra es necesaria para la permeabilidad del catéter. Sin embargo, el debate está sacando a la luz cuestiones directamente relacionadas con el mejor cuidado del paciente:

1) ¿Cuál es la frecuencia correcta de las purgas con presión para la permeabilidad de la línea?
2) ¿Todos los dispositivos que se colocan en un paciente deben ser de alto flujo?

 

 

 

 

Si bien hay mucho que investigar sobre ambos temas, dedicar unos minutos a discutir la segunda pregunta nos lleva a muchas preguntas posteriores, favoreciendo la necesidad de un estudio más amplio y más debates dentro de la industria. Durante años ha habido un impulso para que todos los dispositivos dentro del hospital tengan capacidad de alto flujo. Sin embargo, a medida que la gravedad de los pacientes aumenta y con ella la frecuencia de sus visitas a clínicas/hospitales para recibir tratamiento, vemos una disminución del capital venoso de los pacientes y la necesidad de priorizar sus necesidades de acceso vascular inmediatas y futuras.

Al examinar el alto flujo y nuestra capacidad para responder a la pregunta de si todos los dispositivos colocados en un paciente deben ser de alto flujo, hay varias preguntas que han surgido en torno al debate con médicos de diversas disciplinas:

a. ¿Durante cuánto tiempo los dispositivos periféricos de alto flujo proporcionan retorno de sangre?
b. ¿Cuántos pacientes que tienen un dispositivo de alto flujo reciben una purga de presión en el primer dispositivo que se coloca?
c. ¿Sabe qué le sucede al dispositivo tras aplicar el alto flujo? ¿Cuánto tiempo dura el dispositivo después de aplicar el alto flujo?

Estas preguntas son las que debemos considerar y, al hacerlo, decidir si hay una opción mejor para prolongar la vida de los catéteres necesarios para la terapia y, al mismo tiempo, preservar las valiosas venas de sus pacientes.

¿Podría ser que los objetivos de aumentar la duración de la vida de un catéter y las necesidades de los tratamientos con alto flujo no sean totalmente compatibles?

Y, en consecuencia, ¿deberíamos considerar una línea dedicada a la terapia intravenosa y una otra dedicada a un procedimiento que se retira una vez realizado el mismo, permitiendo que la vena se recupere del daño que se le está causando en lugar de seguir usándola, causando más irritación, infiltración y, en última instancia, daño?

Si pensamos en esto como dos objetivos separados, seremos capaces de salvar las venas, ya que no son recursos renovables.

 

 

Stephen Jackson, M. Ed.

Especialista de producto en Vygon US

sjackson@vygonus.com

 

Bibliografía

1. Helm, Robert E, et al. “Accepted but Unacceptable: Peripheral IV Catheter Failure.” Journal of Infusion Nursing, vol. 38, no. 3, 2015, pp. 189–203.
2. Rickard, C. et al Routine versus clinically indicated replacement of peripheral intravenous catheters: a randomised controlled equivalence trial. The Lancet 2012 vol 380; 1066-1074.
3. Bulmer A.C., Hawthorn, A., Keogh, S.. What lies beneath: The use of ultrasound for the assessment of venous structure and function. AVA 2017