Gran parte de la historia, la han escrito los vencedores o los vanidosos, por ello, en demasiadas ocasiones es olvidadiza. El protagonista de nuestra historia fue uno de los médicos e investigadores españoles más prometedores de su generación; se dejó la piel para mejorar la atención sanitaria en el campo de batalla en la Guerra del Rif y la I Guerra Mundial; dedicó tiempo a la investigación y divulgación científica; y descubrió la trascendental anestesia epidural. Sin embargo, la historia ha estado muy cerca de olvidarle.

Nuestro protagonista es Fidel Pagés, médico oscense fallecido prematuramente, a los 37 años, en un accidente de coche cuando regresaba a Madrid tras pasar unas vacaciones en el País Vasco con su familia. Era el 21 de septiembre de 1923.

Con su desaparición, gran parte de su obra quedó silenciada hasta que un médico italiano se apropió sus méritos. Pero casi un siglo después de su muerte, el doctor Pagés Miravé ha hecho las paces con la historia.

Los años de aprendizaje en el Rif

El doctor Fidel Pagés nació en Huesca el 26 de enero de 1886 y años más tarde comenzó sus estudios de Medicina en la Universidad de Zaragoza, donde se graduó tras 7 años con un expediente impecable.

Al acabar su formación universitaria, se alistó en el cuerpo médico del Ejército español, que en ese momento se encontraba luchando por retener los últimos bastiones coloniales del antiguo Imperio Español (Cuba, Filipinas, Marruecos…). Pagés desembarca muy pronto en uno de estos bastiones, la Guerra del Rif en Marruecos.

Llega a Melilla en julio de 1909, tan solo unos días después de uno de los acontecimientos más oscuros de la historia bélica de España, el Desastre del Barranco del Lobo. Atendiendo a los heridos en la trágica batalla, Fidel Pagés tiene tiempo de entender cómo funciona la atención médico-militar en el norte de África, y a los pocos meses de estar allí, crea una compañía de ambulancias de montaña para que el personal médico pueda llegar a primera línea del frente y que los heridos puedan ser atendidos y evacuados rápidamente.

Una carrera internacional

Tras su experiencia en el Rif, Fidel Pagés Miravé dedica tiempo a la investigación y la publicación de artículos científicos. El Congreso de Medicina de Budapest de 1910 supone un punto de inflexión en su carrera, pues las investigaciones que allí presenta le conceden el reconocimiento de sus colegas a nivel internacional, tanto es así, que la reina María Cristina le convierte en uno de sus médicos personales.

Una nueva guerra volverá a cruzarse en su vida. El estallido de la I Guerra Mundial le llevará a colaborar con la Cruz Roja como miembro de una comisión internacional para visitar campos de prisioneros en Austria, donde participará en operaciones como amputaciones ayudando a médicos austriacos y alemanes.

Un genio con espíritu divulgador

 

Tras su regreso a Madrid, el doctor Pagés funda la Revista Española de Cirugía, en la cual publica, en 1921, un artículo científico sobre el método de la “Anestesia metamérica” y sus efectos. El estudio recopila los resultados de más de 43 operaciones exitosas siguiendo esta técnica y suministrando un anestésico local sintético que había sido inventado 15 años antes. Pagés también publicó sobre este tema en la Revista de Sanidad Militar.

A pesar del papel crucial que ha supuesto la anestesia epidural para la medicina durante el s. XX y XXI, su publicación pasó relativamente desapercibida en España, y prácticamente ningún médico internacional la conoció, pues la revista solo se publicaba en castellano. Esta es la descripción de la técnica que Pagés hacía en sus artículos:

“En el mes de noviembre del pasado año, al practicar una raquianestesia, tuve la idea de detener la cánula en pleno conducto raquídeo, antes de atravesar la duramadre, y me propuse bloquear las raíces fuera del espacio meníngeo, y antes de atravesar los agujeros de conjunción, puesto que la punta de la aguja había atravesado el ligamento amarillo correspondiente. Abandoné la estovaína que tenía preparada, y en una cápsula hervida hice la disolución de tres tabletas de novocaína suprarrenina de la serie A (375 mg. de novocaína) en 25 c.c. de suero fisiológico, procediendo a inyectarlo inmediatamente a través de la cánula, que estaba enclavada entre las vértebras lumbares 2ª y 3ª.
Explorando la sensibilidad, pudimos convencernos de que a los cinco minutos comenzaba una hipoestesia en la porción infraumbilical del abdomen, que se extendía a la cara anteroexterna de los miembros inferiores, dejando indemne el periné, escroto, cara posterior de los miembros inferiores y planta del pie en ambos lados; la hipoestesia se fue acentuando progresivamente, y a los veinte minutos de practicada la inyección, juzgamos prudente empezar a operar, practicando una cura radical de hernia inguinal derecha, sin la menor molestia para el paciente. El resultado de este intento nos animó a seguir estudiando este método, al que en la clínica denominamos de anestesia metamérica, por la posibilidad que nos proporciona de privar de sensibilidad a un segmento del cuerpo…”

Cuando empezaba a organizar una especie de gira por diferentes congresos internacionales para presentar su descubrimiento al mundo, la guerra volvió a llamar a sus puertas con el enésimo desastre de las tropas de Marruecos, en este caso, el Desastre de Anual. Allí se ganó de nuevo el respeto de los otros facultativos y de los pacientes por su atrevimiento a realizar operaciones de extrema dificultad en la época como heridas abdominales o “drenajes transcerebrales”.

El olvido

Tras años salvando vidas en los hospitales de campaña españoles, Pagés pidió unas merecidas vacaciones que terminaron con su trágica y prematura muerte en un accidente de coche. Tras un funeral abarrotado de gente en Madrid, su figura comenzó a caer en el olvido.

Tan solo algunos de los médicos que habían trabajado con él continuaron aplicando la técnica de la anestesia epidural, que pronto cayó en el olvido. Fue casi una década después, en 1932, cuando un médico italiano, Achilles Dogliotti, se atribuyó el descubrimiento y se llevó la gloria al publicar en el American Journal of Surgery los descubrimientos del médico español.

Sin embargo, debió sentir el cargo de conciencia, porque en 1935, cuando un médico argentino llamado Alberto Gutiérrez alzó la voz para defender el trabajo de Pagés, Dogliotti no tardó en reconocer que el verdadero padre de la anestesia epidural había sido el médico español Fidel Pagés Miravé.

La historia restaura la memoria del doctor Fidel Pagés

La desmemoria tiene honrosas excepciones. Por ello, en 1926 el Ministerio de la Guerra decidió cambiar el nombre al Hospital Docker de Melilla por el de Hospital Capitán Medico Fidel Pagés como homenaje. Además, una placa en el quirófano de este hospital recordará al Dr Pages: ”Aquí operó Pagés, sirviendo a la patria enalteció la ciencia”.

En 2012 cerraría sus puertas para siempre este hospital y con él, parte del recuerdo de Pagés, ¿perdurará la placa, ejemplo del homenaje precoz, o será ya escombro del olvido?

Con el paso de las décadas y la creciente importancia de la anestesia epidural en el mundo médico, la historia de Pagés y su figura han sido relativamente reparadas del olvido que sufrieron en los años posteriores a su muerte.

Desde 1957 la SEDAR concede el Premio Pagés al mejor trabajo científico sobre Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Además, el Ministerio de Defensa entrega desde 2007 un premio a la investigación en sanidad militar que lleva el nombre de Fidel Pagés Miravé.

Se le ha dedicado una calle en su Huesca natal y una placa en el número 13 de la Calle Infantas de Madrid recuerda al despistado viandante que allí vivió: el Dr Pagés, descubridor de la anestesia epidural.

Hasta el séptimo arte se ha acordado a última hora de Pagés. Antena 3 creó una serie llamada Tiempos de guerra en la que el doctor Pagés, aunque con otro apellido, es uno de los protagonistas, interpretado por el actor Alex García. La trama relata la vida de los equipos sanitarios del ejército español en la defensa del territorio del protectorado de Marruecos a principios del s. XX.

Desde aquí deseamos seguir contribuyendo a mantener vivo su recuerdo y sirvan estas líneas como modesto homenaje al cumplirse 96 años de su fallecimiento.

 

 

Oscar Bañuelos
Responsable de Zona
obanuelos@vygon.es

 

 

Bibliografía

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